No me jodas, Sergio Ramos

“Vamos a cambiar cosas.” Esas fueron las palabras de Zidane en su segunda vuelta como entrenador del Real Madrid allá por Marzo. Después de una malísima temporada y del paso de Lopetegui y Solari por los banquillos, Zizou llegaba con promesas y una determinación pocas veces vista en el francés. Se barruntaba revolución. El equipo parecía pedirla a gritos y la afición la deseaba, puesto que ningún madridista quería volver a ver ese “escudo redondito con muchas Copas de Europa”, como diría Juanan, pasar por otra temporada semejante.

Se dice, que una de las condiciones para la vuelta tan temprana del técnico francés, fue tener carta blanca tanto para las bajas como para las altas. Así, de una tacada, Florentino fichó a Jovic, Hazard, Mendy, Militao (fichado a principios de año) y Kubo, la sensación japonesa. Quedaban un par de fichajes que hacer aún, pero primero había que hacer caja. Todos los madridistas estábamos preparados para salidas dolorosas pero muy necesarias. Jugadores que han sido parte de la columna vertebral de un Madrid campeón de Europa tres veces seguidas. Todos lo teníamos asumido. Había que hacerse. Pero las ventas empezaron a llegar con LLorente, Kovacic, Ceballos… Jugadores que no han terminado de casar con Zidane, o Zidane con ellos. La ‘ vieja guardia’ seguía en nómina pero lo último que pierde un madridista es la fe, y más aún, cuando es Zizou, máximo estandarte del Real Madrid (con permiso de Di Stefano o Cristiano Ronaldo), quién comanda al equipo.

En estas nos plantamos en los partidos de pretemporada. Con la ilusión renovada y las ganas de ver a los fichajes, se empieza a seguir de cerca estos partidos. El palo llega cuando vemos las alineaciones y salvo Hazard, Rodrygo y Kubo (estos dos últimos durante un corto periodo de tiempo), todo era exactamente igual que el año anterior. Pocos cambios, nada a lo que jugar y el jarro de agua fría, aunque necesaria para mitigar esta calor que se cierne sobre nosotros, caía como una catarata. Lucas Vázquez sigue jugando por delante de los ‘teenboys’ (Vinicius, Rodrygo, Kubo, Brahim), Carvajal sigue a lo suyo (¿dónde estará ese lateral que nos encanta a todos?), la defensa por medio de Ramos y Nacho tiene unas grietas que la casa de mi tatarabuelo que apenas se mantiene ya en sus cimientos.

Sergio Ramos se lo tomó como un amistoso

La máxima expresión de todo eso se concentra en el derbi de esta madrugada contra el Atlético de Madrid. En veinte minutos, los colchoneros endosaron a los merengues un 3-0. Ya no son los goles en sí, sino la forma de jugar. Ellos intensos, con las ideas claras y presionando. Los blancos con el bañador puesto, las chanclas y el “oye Luka, ¡échame crema en la espalda, que me quemo con el sol!” Reconozco que me acosté con el tercer gol de los atléticos. No merecía ver eso. Ni yo, ni nadie. Y sobre todo los que pagaron la entrada para disfrutar en el mismo estadio. Este tipo de jugadores (la vieja guardia, que decía antes) no merecen que los madridistas trasnochemos para ver semejante esperpento. Los madridistas lo perdamos casi todo, pero lo único que no perdonamos en la desidia tanto en el campo, como en el banquillo. Y anoche, parecía haberla por todas partes. Y para colmo, cuando me levanto esta mañana, aparte del bochornoso resultado, veo unas declaraciones de Sergio Ramos diciendo “nosotros nos lo hemos tomado como un amistoso y ellos no”. No me jodas, Sergio

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