Tecnoautoritarismo

Tecnoautoritarismo: la batalla por el poder y el futuro de la democracia

En la eventual situación actual del tecnoautoritarismo, es posible que ya se hayan copado la mayoría de los recursos y objetivos de la era Trump.

Pero ciertas naciones estratégicas de Europa, que pueden alinearse con un tecnoautoritarismo más agresivo como el del Gobierno de Trump, seguramente van a ascender como principales candidatos o coaliciones en este último periodo, mientras todo indica que, en las elecciones de midterm al Senado de Estados Unidos, el presidente deberá bajar el perfil agresivo.

Tecnoautoritarismo: la concentración del poder para el control total

Por otro lado, es posible que las coaliciones agresivas se vean desgastadas durante los próximos gobiernos al no obtener facultades suficientes para materializar sus políticas más duras, bien por no disponer del control total del Gobierno y contar con aliados de un peso notablemente menor, bien por la propia coyuntura continental de los gobiernos europeos.

Por ello, es posible que se produzca una cierta suavización como consecuencia del desencanto y de la erosión de los votantes más agresivos, alimentados por todo tipo de campañas mediáticas, sobre todo en redes sociales, y por los eventuales dispositivos de manipulación psicológica desarrollados por el tecnoautoritarismo.

En caso de que estas fuerzas permanezcan durante dos legislaturas, es bastante probable que el extremo permanezca relativamente estable, ganando o perdiendo apoyo, tras los rutinarios escándalos en serie, las corruptelas y las políticas tibias.

Redes sociales, propaganda y manipulación psicológica

No obstante, va a predominar una democracia tecnoautoritaria ciertamente agresiva, delicadamente sostenida sobre cierta paz social, a veces al límite del estallido, aunque probablemente sofocada por determinadas mejoras económicas que no compensen los recortes sociales ni la agresividad contra las libertades, los derechos y los servicios públicos.

Es importante mirar con optimismo hacia lo que pueda suceder, tanto si se produce cierto desgaste como si el extremismo consigue mantenerse sostenido, en medio de un escenario que, ya de por sí, es extremadamente violento en términos políticos, económicos y sociales.

Con la cuestión del gran fantasma de una deriva europea hacia grandes persecuciones políticas y crímenes en masa sobre la mesa, el peso relativo en el mundo ya no implica necesariamente determinaciones globales de especial relevancia para una operación de canibalismo de esa envergadura.

La deriva europea y el riesgo de una mayor violencia política

Además, existe una predominancia de tradiciones nacionales y supranacionales en las instancias continentales europeas que sostienen cierta inercia, delicadamente garantizada, dentro de un espacio ideológico en el que interesa mostrar cierto grado de respeto, debate y racionalidad y responsabilidad, sin tender de forma descarada hacia un gran enfrentamiento irracional, masivamente persecutorio y violento, hasta extremos devastadores mediante la fuerza legal e institucional.

Tal y como están las cosas, en términos de conflictos internos, la deriva hacia políticas del odio y de violencia en masa parece poder resolverse mediante el delicado y vulnerable equilibrio de la alternancia regional, nacional, continental e internacional.

En términos de amenazas externas, si se corrige el desmembramiento interno continental y global al que tienden las políticas del odio y la agresividad, respecto a Europa es bien sabido que muchos actores internacionales la consideran, en cierto sentido, un árbitro y mediador fiable: válido, aunque bastante limitado.

Así, en general, el interés del mundo, en casi cualquier potencia, podría decirse que radica, pese a todo, en que no existan conflictos internos ni externos de elevada magnitud, ni en Europa, ni en Estados Unidos, ni en ninguna otra parte del mundo.

Respecto a las grandes amenazas puntuales, los Estados suelen operar de manera reactiva, no activa.

Por lo tanto, lo imperativo es no desmembrar desde dentro la estabilidad política, económica y social.

119 Misarkia

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