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Síndrome de La Habana 2026: la enfermedad provocada por armas de microondas

Síndrome de La Habana: El Pentágono lleva más de un año probando en laboratorio un dispositivo adquirido en una operación encubierta de más de 15 millones de dólares. El aparato cabe en una mochila, emite ondas de radio pulsadas, penetra paredes y contiene componentes fabricados en Rusia. Investigadores del gobierno creen que podría ser el arma detrás del Síndrome de La Habana.

En paralelo, el Subcomité de Inteligencia de la CIA del Congreso acusa a la comunidad de inteligencia de haber fabricado una “conclusión políticamente cómoda” para encubrir ataques de un adversario extranjero. En esta investigación exclusiva de Free Press Info, conectamos los últimos desarrollos con el caso de los once científicos desaparecidos o muertos, la muerte de Amy Eskridge y las preguntas que ninguna agencia ha respondido todavía.

Qué es el Síndrome de La Habana: de la embajada en Cuba al mundo entero

A finales de 2016, varios diplomáticos y personal de inteligencia estadounidense destinados en la embajada de La Habana comenzaron a reportar síntomas neurológicos agudos: presión intensa en la cabeza, dolor de oídos, vértigo, pérdida de memoria, dificultad para concentrarse y problemas de visión. Muchos describían haber escuchado un sonido extraño —un zumbido, un chirrido metálico o lo que uno describió como una “canica rodando por un embudo de metal”— justo antes de los síntomas.

Lo que en 2016 parecía un incidente localizado en Cuba se fue extendiendo geográficamente de manera inexplicable. Según estimaciones de funcionarios estadounidenses, hay al menos 1.500 casos de Síndrome de La Habana en 96 países, incluyendo China, India, Austria, Vietnam y la propia Washington D.C. El gobierno de Estados Unidos los denomina oficialmente “Incidentes de Salud Anómalos” (AHI por sus siglas en inglés), una terminología deliberadamente aséptica que ha irritado profundamente a las víctimas.

Los síntomas comunes incluyen cefaleas intensas, mareos, náuseas, dolor de oídos, problemas cognitivos persistentes —incluyendo pérdida de memoria y dificultad para concentrarse— y, en algunos casos, lesiones cerebrales traumáticas diagnosticadas por imagen. Desde 2016, alrededor de 1.000 casos sospechosos han surgido en todo el mundo, afectando a diplomáticos, oficiales de inteligencia, militares y sus familias.

Teniente coronel retirado de la USAF — víctima anónima, Washington D.C., 2020
“Lo que sentí fue como si alguien me hubiera golpeado en la garganta, y mi oído izquierdo se tapó. Empecé a tener dolores agudos que bajaban por el brazo izquierdo.”

El dispositivo: lo que el Pentágono compró y lleva un año probando en secreto

La revelación más significativa de 2026 no es un informe oficial ni una declaración ante el Congreso. Es un objeto físico. El Departamento de Defensa lleva más de un año probando un dispositivo adquirido en una operación encubierta que algunos investigadores creen que podría ser la causa de una serie de dolencias misteriosas conocidas como Síndrome de La Habana. Una división del Departamento de Seguridad Nacional, Homeland Security Investigations, compró el dispositivo por “ocho cifras” —más de 10 millones de dólares— en los últimos días de la administración Biden, usando fondos aportados por el Departamento de Defensa.

El informe del programa 60 Minutes de marzo de 2026 fue el primero en describir el arma con detalle técnico verificado por múltiples fuentes gubernamentales:

Especificaciones del dispositivo — Fuentes: CBS 60 Minutes (mar. 2026) · CNN (ene. 2026) · The Defense Post (mar. 2026)

Tamaño: Cabe en una mochila. Diseñado para ser ocultado y transportado por una sola persona.

Emisión: Ondas de radio pulsadas de alta frecuencia. Programable para diferentes escenarios de uso.

Alcance: Varios centenares de pies. Penetra ventanas y paredes de pladur sin degradación significativa de la señal.

Sigilo: Silencioso. No genera calor detectable como un microondas convencional. No produce firma térmica visible.

Control: Operable por control remoto. Sin necesidad de proximidad directa al objetivo.

Componentes: Contiene piezas de fabricación rusa. No es enteramente de origen extranjero; fue adquirido a través de una red criminal rusa.

Pruebas: Laboratorios militares de EE. UU. lo han probado en animales durante más de un año. Los resultados producen lesiones similares a las reportadas por víctimas de AHI.

Precio pagado: Más de 15 millones de dólares (fuente: The Defense Post / CBS). CNN refiere “ocho cifras” sin precisar más.

El debate dentro del gobierno sobre qué significa exactamente este dispositivo es intenso. Hay debate en curso —y en algunos sectores del gobierno, escepticismo— sobre su vínculo con las docenas de incidentes de salud anómalos que permanecen oficialmente sin explicación. Pero el hecho de que exista, que haya sido adquirido por decenas de millones de dólares, y que haya sido probado durante más de un año en laboratorios clasificados, cierra definitivamente una de las preguntas que los escépticos usaban para desestimar el síndrome: ¿es técnicamente posible construir un arma así? La respuesta, en 2026, es sí.

El experimento noruego: un científico que se disparó a sí mismo con microondas

En febrero de 2026, The Washington Post reveló un episodio que había permanecido en secreto durante dos años. Trabajando en estricto secreto, un científico del gobierno en Noruega construyó una máquina capaz de emitir pulsos potentes de energía de microondas y, en un esfuerzo por demostrar que esos dispositivos son inofensivos para los humanos, la probó en sí mismo en 2024. Sufrió síntomas neurológicos similares a los del Síndrome de La Habana.

La CIA investigó el experimento noruego. Las fuentes de gobierno señalaron que la producción exitosa de un arma en la Noruega aliada de EE. UU. no prueba que adversarios extranjeros estén conspirando para usar dispositivos de energía dirigida abiertamente. Pero el experimento tiene un valor probatorio claro que va más allá de la geopolítica: demuestra que la tecnología existe, que es reproducible, y que sus efectos sobre el sistema nervioso humano son reales y medibles.

Una segunda línea de investigación científica, publicada en marzo de 2026 en el estudio de Kostinsky del Instituto de Física Nuclear de la Academia Checa de Ciencias, propone un mecanismo diferente: el efecto optoacústico producido por un láser de infrarrojo pulsado podría inducir síntomas similares al Síndrome de La Habana. Científicos previamente involucrados en la investigación del síndrome no identificaron objeciones técnicas específicas a la hipótesis propuesta.

La guerra de informes: lo que dice la comunidad de inteligencia vs. lo que dice el Congreso

El Síndrome de La Habana tiene una característica única entre los grandes misterios de seguridad nacional de EE. UU.: la contradicción entre sus propias instituciones es pública, documentada y cada vez más acalorada.

Posición: ataque extranjero probable

  • Subcomité de Inteligencia de la CIA (Congreso, dic. 2024): “Hay evidencia fiable de que algunos AHIs son obra de adversarios extranjeros”
  • La investigación de The Insider / Der Spiegel / CBS 60 Minutes (abr. 2024) vincula a la Unidad 29155 del GRU con casos específicos en China y Georgia
  • Miembros del GRU 29155 recibieron ascensos y condecoraciones por trabajo en “armas acústicas no letales”
  • El director de la CIA, William Burns, advirtió personalmente a sus homólogos rusos en 2021 antes de que el informe oficial lo descartara
  • El teniente coronel retirado Greg Edgreen, que dirigió la investigación del DIA de 2021 a 2023: “El 5-10% de los mejores oficiales del servicio han sido afectados”
  • El dispositivo adquirido por el Pentágono produce lesiones animales similares a los AHIs en pruebas de laboratorio

Posición: ataque extranjero improbable

  • Informe conjunto de 7 agencias de inteligencia (ODNI, mar. 2023): 5 de 7 concluyen que un adversario extranjero es “muy improbable”
  • La actualización de enero de 2025 de la comunidad de inteligencia mantiene esa evaluación
  • El NIH (2024) encontró síntomas severos pero sin firma MRI uniforme ni patrón biológico consistente
  • El estudio JASON (2022) señala datos inconsistentes y ausencia de población de referencia comparable
  • Los investigadores Bartholomew y Baloh (2023): el síndrome es una “categoría construida socialmente” que agrupa condiciones preexistentes, factores ambientales y reacciones al estrés
  • Cuba desplegó 2.000 científicos y agentes para investigar sin encontrar evidencias de ataque

El Subcomité de Inteligencia de la CIA del Congreso fue más lejos en su crítica institucional: el informe acusa a la evaluación de 2023 de la comunidad de inteligencia de usar metodología defectuosa y de no haber sido “un participante dispuesto” en la supervisión del Congreso. El informe calificó las conclusiones de la ODNI como un intento de “crear una conclusión políticamente cómoda”.

Rick Crawford, Presidente del Subcomité CIA del Congreso — diciembre 2024
“Hay evidencia fiable de que algunos incidentes de salud anómalos son obra de adversarios extranjeros. Nuestro trabajo de investigación continuará hasta que obtengamos cooperación plena y respuestas exhaustivas.”

Cronología: diez años de un misterio sin resolver

De La Habana al Pentágono — 2014 a 2026

2014: Posibles primeros casos en Frankfurt, Alemania. Un empleado del consulado estadounidense pierde el conocimiento por “algo parecido a un haz de energía intenso”. No serán reconocidos hasta 2024.

2016: Primer brote documentado en la embajada de EE. UU. en La Habana, Cuba. 21 eventos iniciales con síntomas compatibles con trauma cerebral. El término “Síndrome de La Habana” comienza a usarse.

2017: Nuevos casos reportados en el consulado de Guangzhou, China. Personal del Departamento de Estado y sus familias afectados.

2020: La Academia Nacional de Ciencias (NASEM) concluye que la energía de radiofrecuencia pulsada y dirigida es una explicación “plausible” para los síntomas más distintivos.

2021: El teniente coronel Greg Edgreen inicia la investigación del DIA (Agencia de Inteligencia de Defensa). El director de la CIA, Burns, alerta personalmente a sus homólogos rusos. El presidente Biden firma la Ley HAVANA para apoyar a las víctimas.

2022: Amy Eskridge muere en Huntsville, Alabama. Semanas antes había reportado quemaduras que atribuía a una “arma de energía dirigida de banda RF-K“. Dictamen: suicidio.

2023: Informe conjunto de 7 agencias (ODNI): 5 de 7 concluyen que un adversario extranjero es “muy improbable”. El GAO abre su propia investigación sobre la atención sanitaria a las víctimas.

2024: The Insider / Der Spiegel / CBS vinculan la Unidad 29155 del GRU ruso a casos específicos. El subcomité CIA del Congreso publica informe acusando a la ODNI de encubrimiento. Homeland Security Investigations compra el dispositivo de microondas por más de 15 millones de dólares.

2026: Enero: el Pentágono confirma que lleva más de un año probando el dispositivo. Febrero: The Washington Post revela el experimento del científico noruego. Marzo: 60 Minutes publica la descripción técnica del dispositivo. El caso conecta públicamente con los once científicos desaparecidos o muertos.

La conexión con los once científicos: tres casos que unen ambas historias

Análisis exclusivo Free Press Info

En esta investigación exclusiva de Free Press Info hemos identificado tres conexiones directas entre el Síndrome de La Habana y el caso de los once científicos que la Cámara de Representantes y el FBI están investigando. No son especulaciones: son vínculos documentados públicamente.

Conexiones documentadas entre el Síndrome de La Habana y los once científicos

Amy Eskridge: Reportó específicamente quemaduras que atribuía a una “arma de banda RF-K” —el mismo tipo de tecnología de radiofrecuencia que investiga el Pentágono como causa del síndrome. El congresista Eric Burlison vinculó explícitamente su caso con el Síndrome de La Habana en sus declaraciones públicas sobre los once científicos.

William Neil McCasland: Ex comandante del Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea en Wright-Patterson. Su esposa mencionó sus vínculos con “la comunidad UAP”. Wright-Patterson es también una de las instalaciones donde el Pentágono ha investigado históricamente las armas de energía dirigida. Su desaparición en febrero de 2026 se produjo semanas después de que CNN publicara el informe sobre el dispositivo de microondas.

Matthew James Sullivan: Ex oficial de inteligencia de la USAF. Iba a testificar en un caso federal sobre UAPs. Según Burlison, murió en 2024 dos semanas después de ser programado para una entrevista. El Síndrome de La Habana afecta predominantemente a personal de inteligencia y diplomático —exactamente el perfil de Sullivan.

La lectura que emerge al conectar ambas historias es la siguiente: si el Síndrome de La Habana es causado en al menos algunos casos por un arma de energía dirigida operada por inteligencia rusa o por otro adversario, entonces esa misma tecnología podría haberse usado contra investigadores estadounidenses vinculados a programas clasificados. La pregunta no es si el arma existe —en 2026 hay un dispositivo físico en un laboratorio del Pentágono que prueba que sí. La pregunta es quién la ha usado, contra quién, y cuántas veces.

 Lo que ninguna agencia ha respondido

El Comité de Supervisión del Congreso ha pedido información coordinada al FBI, al Departamento de Energía, al Departamento de Guerra y a la NASA sobre los once científicos. El Subcomité de la CIA ha pedido cooperación plena sobre el Síndrome de La Habana. En ambos casos, las agencias han respondido de forma fragmentada o han denegado información. Si los dos casos comparten causa —un programa de ataques con armas de energía dirigida contra personal estadounidense con acceso a programas clasificados—, la dispersión de la investigación entre distintos comités y agencias puede ser exactamente el mecanismo que impide llegar a esa conclusión.

La Unidad 29155 del GRU: el actor que aparece en ambos expedientes

La Unidad 29155 del GRU —el servicio de inteligencia militar ruso— es conocida por sus operaciones en el exterior: el envenenamiento de Sergei Skripal en Salisbury, Reino Unido; el intento de golpe de estado en Montenegro; y asesinatos selectivos en varios países europeos. La investigación conjunta de The Insider, Der Spiegel y CBS 60 Minutes encontró que miembros de la Unidad 29155 recibieron premios y ascensos por trabajo relacionado con el desarrollo y despliegue de “armas acústicas no letales”. Los periodistas también entrevistaron fuentes que afirmaron que los registros telefónicos y de viajes de algunos agentes del GRU coincidían con las ubicaciones donde personal estadounidense en China y Georgia reportó AHIs.

El vínculo con la investigación de los once científicos es indirecto pero geográfico y operacional: si la Unidad 29155 tiene capacidad para desplegar armas de energía dirigida contra personal estadounidense en el extranjero, la pregunta lógica —que ninguna investigación oficial ha abordado públicamente— es si esa misma capacidad se ha usado en territorio de Estados Unidos, y si algunos de los casos de los once científicos podrían encajar en ese patrón.

El congresista Burlison apuntó a “una posible operación extranjera —China, Rusia o Irán—” como explicación para las muertes y desapariciones de los científicos. Es exactamente el mismo abanico de sospechosos que aparece en la investigación del Síndrome de La Habana.

Qué sigue: las preguntas abiertas que Free Press Info seguirá investigando

El Síndrome de La Habana y el caso de los once científicos comparten una característica estructural incómoda: ambos tienen suficiente evidencia como para justificar una investigación federal seria, y en ambos casos esa investigación existe, pero sus resultados no son públicos. En democracias que se dicen abiertas, ese espacio entre “investigamos” y “aquí están los resultados” es exactamente donde actúa la opacidad institucional.

Las preguntas que quedan sin respuesta: ¿Ha sido usado el Síndrome de La Habana como herramienta para silenciar a investigadores con acceso a información clasificada sobre propulsión avanzada o UAPs? ¿Qué mostraron exactamente las pruebas del dispositivo de microondas en animales? ¿Por qué las cinco agencias que concluyeron “muy improbable” en 2023 no han revisado esa evaluación a la luz del dispositivo adquirido en 2024? ¿Tiene el caso de Amy Eskridge algún vínculo verificable con las operaciones de la Unidad 29155?

Fuentes verificadas: CNN Politics “Havana Syndrome device Pentagon HSI” (ene. 2026) · The Washington Post “CIA investigated Norway experiment” (feb. 2026) · CBS News / 60 Minutes “Targeting Americans” (mar. 2026) · The Defense Post “US Tests Suspected Weapon” (mar. 2026) · ODNI — IC Assessment on AHIs (mar. 2023 y actualización ene. 2025) · House Intelligence Subcommittee on CIA — Interim Report (dic. 2024) · The Insider / Der Spiegel / CBS 60 Minutes — GRU Unit 29155 investigation (abr. 2024) · Wikipedia — Havana Syndrome (actualizado may. 2026) · Axios · Global Security · GAO Report on AHI victims (jul. 2024) · VOA News. Free Press Info distingue entre hechos verificados, posiciones institucionales en conflicto y preguntas sin respuesta pública. Este artículo no afirma que Rusia causó el Síndrome de La Habana ni que los once científicos fueron atacados con armas de energía dirigida. Sí afirma que ambas investigaciones comparten actores, tecnologías y preguntas sin respuesta que merecen cobertura periodística sostenida.

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