¿Residencias de ancianos o asilos carcelarios?

Residencias ancianos

El Gobierno elevó a 20 mil los casos de ancianos muertos por coronavirus en residencias

Lo que ha ocurrido en España con las residencias para ancianos, durante el confinamiento por la pandemia del coronavirus, es tan vergonzoso que solo con acercarse al tema sale uno pringado.

¿Cómo es posible que se haya dejado morir a más de 20.000 ancianos internados en esas residencias, cuando se suponía que estaban allí alojados para que los cuidaran y velaran por ellos? Y con el agravante de cobrarles unas cantidades considerables y además recibir subvenciones públicas y privadas.

¿No se les cae la cara de vergüenza a los responsables políticos y a los que cobran por dirigir esos centros como técnicos y especialistas en el cuidado de seres desvalidos?

El escándalo tan vergonzante de empresas multinacionales beneficiándose económicamente con las cuotas pagadas por los ancianos y sus familiares, ha sido un clamor nacional y la exigencia de responsabilidades no cabe eludirla. Debe hacerse, pese a quien pese.

A medida que se han ido sabiendo los comportamientos desarrollados en estas residencias, en relación con el traslado urgente a los hospitales para el tratamiento por el covid-19 y su rechazo sistemático por considerarlos inútiles para los pobres enfermos, el asunto clama al cielo.

¿Era mejor dejarlos aislados mientras morían abandonados o medio distraídos?

¿Pero qué clase de asesores científicos y médicos cuidaban esas residencias?  ¿Y quién los controlaba a ellos?

Muchas preguntas y pocas respuestas en casi ninguna de las comunidades autónomas que tenían la responsabilidad de su eficacia sanitaria. A los ancianos se les llevaba  allí para estar mejor cuidados que con las familias impotentes ante la pandemia. O eso es lo que se suponía y por lo que pagaban al ingresar en ellas.

¿Y ahora qué? Contamos los muertos, pero nadie asume la responsabilidad de unos comportamientos que rondan la delincuencia. ¿Devolverán el dinero público y privado invertido en ellas?

¡Pobres viejitos estupefactos contemplando lo que dicen de ellos en los medios de comunicación! Y el morro que no se les desploma, a los que salen diciendo sandeces intentando encubrir su abandono y complicidad con las torpes medidas que tomaron unos y otros.

Los familiares,  bien asesorados jurídicamente, han empezado a poner demandas y tratan de reclamar lo que es de justicia y que deberíamos respaldar todos los ciudadanos.

En eso estamos. ¡Cuenten con nosotros, que todos somos juez y parte!

No podemos consentir que los culpables se vayan de rositas. Mientras todos lamentamos un caso tan deleznable y criminal.

¡Adelante, abuelos, que no los utilicen más con sus “buenismos” vergonzantes, manipulando los sentimientos elementales para ocultar los comportamientos delicuescentes.

Luis Lorenzo,

Un ciudadano avergonzado y lleno de indignación.

Madrid, junio de 2020.

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