Famosos en publicidad

Famosos en publicidad: La fama conduce al abuso, parece ser.

Algo que empezó siendo singular -e incluso atrevido- se ha convertido ya en rutina y desvergüenza. Los presentadores de muchos programas televisivos, y aún sus secundarios, anuncian productos en ‘prime time’, sobreponiéndose al contenido.  

¡Hasta en los propios noticieros salen recomendándote un seguro!

Y lo peor de todo, hemos asumido como normal que cualquier individuo que alcanza un poco de fama aproveche su momento de gloria para vendernos cualquier cosa. 

Esta tolerancia tan nuestra para ese tipo de abusos profesionales, es algo que llama poderosamente la atención: ¿no es competencia desleal o usurpación de funciones?

A nosotros se nos antoja que sí y quizás los colegios profesionales tengan algo que decir. ¿Son compatibles la información de actualidad y las recomendaciones de productos publicitados transmitidas en el mismo espacio y por los mismos personajes?  

Consejos comprados en Redes Sociales.

La industria prefiere a los famosos para hacer publicidad en redes sociales.

Antes la fama era una conquista que los profesionales cuidaban mucho porque habían tardado años en cosecharla, ejerciendo su oficio. Luego casi todo era coser y cantar, solo tenías que mantenerte en el podio, y de premio te daban unos contratos millonarios por anunciar lo que fuera. 

Y ahí, precisamente, es donde nosotros vemos un abuso. Pues incorporan a esos productos o servicios el prestigio del que gozan sus figuras, después de todos esos años en los campos de la información, la cultura u otro tipo de comunicación, aprovechándose de esos valores y de la confianza que la sociedad les ha otorgado. 

Es por eso que una mezcolanza así es censurable e innoble, ¿qué sabe un locutor o un actor de las conveniencias de un seguro o de las ventajas de un producto cualquiera que está en el mercado?

La publicidad con famosos es una apuesta segura.

Lo lógico sería que esos consejos los dieran fabricantes o usuarios reales, pero no quienes habitualmente nos informan de lo que ocurre. Por ética deberían negarse a compartir esas dos informaciones con la misma desfachatez, aunque quizá habría que legislar sobre el tema para evitar la manipulación tan evidente del espectador.

En otros tiempos a los periodistas se nos enseñaba que la información y la publicidad eran incompatibles, según nuestro código ético. O una cosa o la otra. 

Porque, vamos a ver: El presentador publicitario no se desdobla. Hace lo que sabe y ejerce como lo hace habitualmente. Solo que en vez de dar noticias o comentar hechos de actualidad, se pone a recomendar que compremos lo que anuncia, como algo verdaderamente necesario. ¡Y ese es el fraude! Avalar, desde su posición de poder, unas ofertas espúreas sin tener conocimientos especializados.

Así pues, consideramos cuestionable estas labores multidisciplinares, y creemos que cada uno debe hacer lo que sabe hacer y que los publicistas busquen en otros ámbitos.

Información versus publicidad.

Estas dos áreas de la comunicación, que comparten asignaturas en sus estudios facultativos, llevan tiempo debatiendo sus campos de agramante (división de pareceres), procurando, en lo posible, respetar las distancias. 

Por otro lado, los profesionales deben tener claro a qué se dedican: transmitir unos conocimientos que la sociedad necesita. Ya sean hechos de interés colectivo o difundir unos servicios, o unos productos, que esa misma sociedad demanda.

Es tan necesario conocer la evolución de la pandemia del coronavirus, como los productos sanitarios que se recomiendan como imprescindibles y de uso obligatorio. No obstante, no debe ser el mismo profesional quien se exhiba retransmitiendo ambos mensajes. ¡Cada uno a lo suyo!

Luis Lorenzo, ciudadano desconcertado por las informaciones publicitarias.

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