Legítimo bien

EL LEGÍTIMO BIEN.

Un buen día, estaban los alumnos con el maestro y, uno de ellos, se le dirigió de la siguiente manera:

Señor Oscuro, ¿Hasta qué punto nos es legítimo pretender disfrutar en medio de un escandaloso Exterminismo Planetario?

El maestro, meditó y se pronunció elaborando la siguiente formulación retórica:

Pongamos el caso contrario, a un junco le está permitido doblarse por el clima intempestivo solamente hasta el punto en que pueda recuperar su posición erguida sin fracturarse, y es su naturaleza mecerse de lado a lado al dictado de la rosa de los vientos.

La resiliencia es pues, la propiedad que siempre debemos ser capaces de conservar.

Nos es sabido que, en absoluto, los valores positivos y negativos, son una misma cosa, porque ambos están enmarcados en el eje de coordenadas del conocimiento completo de la vida.

El legítimo bien: el Ying y el Yang

En el predominio de la Oscuridad del yin, la Luz es el eje central que mantiene la llama de la vida ardiendo; no obstante, en el predominio de la Luz del yang, la Oscuridad es el foco central que articula la supervivencia.

Todo se resume en comprender la parte luminosa de la oscuridad y el componente oscuro de la luz para discernir el sincretismo total de la existencia.

Cuando los seres humanos niegan la perfección de la Viva Naturaleza y del Vivo Universo Inteligente, evalúan el alcance positivo y negativo de los acontecimientos desde una perspectiva relativa a su singularidad, que deforma el tiempo, el espacio y la energía, considerando la parcialidad y no la totalidad y lo absoluto, en que no existe ni tan solo una parte infinitesimal de error para la totalidad de las totalidades, que sería el fondo de la inmaterialidad innata trascendente, que no se crea ni destruye, y de la que todo diverge en su forma contingente, hasta en que vuelve a converger definitivamente, en movimientos expansivos placenteros y contracciones dolorosas, por lo general.

Incluso, cuando los seres humanos niegan su propia perfección en sí mismos, es producto del sesgo interpretativo de la deformación de su misma singularidad sobre el tiempo, el espacio y la energía, que no es otra cosa que la meta temporalidad, la meta espacialidad y la meta energicidad, curvándose infinitamente, infinitas veces, para aprender observándose a sí misma.

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