Términos y condiciones

ACEPTE LOS TÉRMINOS Y CONDICIONES

Un día, miramos a nuestro alrededor, y vimos que las sólidas relaciones afectivas de pareja, en que se fundamenta la familia, se habían evaporado, frente a una estimulación de oferta continua en un catálogo de mercado virtualmente ilimitado de relaciones sexuales mediante aplicaciones.

Casi nadie persistía en el compromiso, comprando la idea del éxito que nos había inducido la voluntad de las relaciones múltiples, pasajeras, a la carta y sin estabilidad ni profundizar en la otra persona, rechazando cualquier desagrado.

Nos escrutábamos en perfiles en que nos vendíamos bajo una imagen alegre, aséptica y artificial, ocultando lo socialmente impopular, como objetos de consumo sexual compulsivo e insatisfactorio.

Términos y condiciones en las relaciones afectivas

Los lazos y vínculos interpersonales que históricamente habían sido estables y eran el núcleo y columna vertebral de la solidaridad y cohesión social, se nos presentaban en conflicto y se desmembraban, deshaciéndose bajo las sombras de los vicios, las faltas, el odio y los miedos, que eran promocionados ante un escaparate público en medios y redes, presentados como tendencia por modelos de la reducción al ridículo y la degradación de la conducta, el sentimiento y el pensamiento.

Las pautas de interacción se basaban en modelos impersonales de relación, mediante un arbitraje burocrático legal, a través de instituciones y plataformas de intercambio, regidos por determinados términos y condiciones.

La precariedad se hacía extensible a cada vez más ámbitos: desde la precariedad económica, como sustancial-material; a la precariedad sentimental e intelectual, lo esencial y espiritual.

La circunstancia alteraba en la temporalidad y la espacialidad cada vez más aceleradamente, en todos esos aspectos de aquella dualidad absoluta, en los fenómenos y noumenos, para que casi nada pudiera ser reconocido como estable y seguro e, incluso, para que tanto el individuo como la totalidad, tuvieran que interpretar papeles contradictorios en ciertos contextos, fragmentándose en roles definidos por la burocracia impersonal, sin reconocerse con una identidad propia, autodestruyéndose irreconciliablemente en sí misma.

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