Nueva normalidad

La ¿Nueva? Normalidad

La confusa Nueva Normalidad

Acabada de modo casi vergonzante la fase dealarma” y entramos en una confusa NUEVA NORMALIDAD, que pocos entendemos.

La patata caliente se pasa ahora a las 17 autonomías, que deben encauzar los comportamientos de los ciudadanos frente a la pandemia, que sigue ahí, agazapada, pero todavía latente, contagiando día a día.

Y vamos a ver si las autonomías dan la talla o toca de nuevo volver al confinamiento. Como tenemos muy escasos elementos de juicio, en tan poco tiempo transcurrido, tenemos que ser prudentes en nuestra apreciación. Pero no podemos dejar de comentar que a lo visto en los telediarios y las redes sociales, no parece que el ciudadano del común, nosotros mismos, vaya, estemos por la labor de iniciar una nueva etapa de convivencia…

Lo de “nueva” no parece que sea la tónica de esta normalidad recién estrenada. ¿Vamos a aceptar que la mascarilla sea parte de nuestro atuendo cotidiano y en cualquier lugar con otros convecinos debemos tenerla puesta?

No parece que todos lo entendamos así, y muchos se la ponen cuando quieren (más bien tirando a poco).

Pero bueno, lo esencial es que cada autonomía establezca unas pautas sociales, unos modelos de comportamientos colectivos, que nos marquen lo que debemos o no hacer. La vida colectiva e individual de cada grupo social, tiene que ser distinta a la que teníamos antes de la pandemia, o volveremos a recaer en los mismos errores.

El proyecto de vida en común de los españoles, apechugando con nuestras tradiciones y manías inveteradas, debe ser sacudido por las autoridades constituidas y seguido por todos, aunque sea a regañadientes y a contramano.

Sí, a todos nos encantan las terrazas y salir zumbando a las segundas residencias y cómo no, celebrar fiestas a mogollón sea con amigos o hasta con enemigos…

Pero, ¿lo que queremos es una sociedad “nueva” o seguir como antaño?

Las propuestas de cada Gobierno autonómico, aprobadas por los ciudadanos de esos  territorios luego de haberlas discutido y consensuado, tienen que estar marcadas por unos planes “renovadores” de verdad, mucho más justos, distributivos y solidarios que los que utilizabamos antes de la pandemia.

No valen sólo los comedores sociales y caritativos o el fomento del teletrabajo. Hay que atreverse a proponer obras públicas dinamizadoras del empleo, así como la creación de empresas y cooperativas públicas y privadas que absorban el desempleo y el paro destructivo.

La insólita reunión de los empresarios más ricos y poderosos convocada por la CEOE este mes de junio, ha dejado patidifuso al personal. ¿Y qué nos han propuesto?

Que no se derogue la reforma laboral, que se mantenga como antes. Que les ayudemos a exportar y a seguir ganando dividendos, que sus empresas continúen tan chulas como antes y que los trabajadores curren todo lo que puedan generosamente.

¿Y para eso tenían que reunirse y salir en los noticieros? ¡Madre mía, qué desfachatez!

Todos los que hablaban en las noticias echaban la culpa al Gobierno por querer cambiar algo que ellos sostienen sin el menor rubor. ¿Así entienden ellos LA NUEVA NORMALIDAD? Arreglados vamos con ese equipaje. Miedo nos da esperar que alguna autoridad autonómica se atreva con propuestas ya rechazadas por esos ciento y pico de empresarios. Que se han reunido para demostrar lo ricos que son, y cómo manejan todo tan fácilmente a sus conveniencias particulares. Exigiendo, además, a los Gobiernos que se plieguen a sus sugerencias.

Luis Lorenzo,

Un ciudadano expectante y cauteloso.

Madrid, 22 junio 20120

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