Fiesta navideña

La fiesta navideña de 2020 y la pandemia negacionista en España.

Opinión

Los extranjeros que vengan a nuestro país, ante la inminente fiesta navideña de 2020, pueden quedar esquizofrénicos en unas semanas si intentan comprender la imagen que se lanza para identificarnos.

Observando los programas de televisión y las publicaciones en redes sociales, para luego compararlos con la vida real de la gente, uno se queda anonadado. ¿Estamos locos o qué? ¿Cuántos programas sobre gente que quiere cantar y ser famosa pululan por ahí?  ¿O de gente que aprende a cocinar para ofrecer menús superferolíticos? 

Pudiera parecer que aquí, a lo que se ve, no hubiera otra cosa que personas con ansias de cantar en cualquier sitio y ponerse a cocinar a las primeras de cambio.

Ya lo dijo un famoso cocinero en los Estados Unidos: “España es el país más RICO del mundo” -Para comérselo, suponemos-.  

La fiesta navideña entre farándula, gastronomía televisiva y terraplanistas.

Y para distraerse un poco de lanzar gorgoritos y enredar entre las sartenes, el personal intenta organizar manifestaciones “anti lo que sea”, con tal de ir contra el Gobierno ¡Hay que demostrar que tenemos ingenio y nos resistimos al poder establecido democráticamente! 

Es evidente que el negacionismo se está extendiendo por todo el territorio, llegando a prender incluso entre estamentos profesionales como la policía y demás agentes del orden público. Lo importante es la libertad de opinión, aunque sea para insultar a personajes públicos o negar la ciencia que está detrás de las vacunas contra el coronavirus. Asegurando incluso que la OMS (WHO, por sus siglas en inglés) es una partida de vendidos bajo el mando de las multinacionales.

Que inventen ellos“, Miguel de Unamuno.

Cuando Miguel de Unamuno pronunció esta frase, tomando postura frente a lo que hacían otros países europeos cercanos, no se conocía, todavía, el atraso que llevábamos en comparación con todas esas naciones. Y que se acentuaría más aún tras la Guerra Civil. Sin embargo, que a estas alturas del siglo XXI sigamos considerando que eso de la investigación no va mucho con nuestras aficiones profundas, es algo que avergüenza.

O al parecer, eso es lo que ofrecemos a los turistas en este pedazo singular de Europa, habitado por gentes que son aves canoras, camareros o cocinillas; siempre reacios a todo lo que suponga asemejarnos a los países avanzados en Ciencia, Cultura y Sensibilidad. 

Aquí, lo que se lleva es ir por libre en todo lo que exija disciplina, solidaridad y colaboración. Virtudes, al parecer, ajenas a nuestra idiosincrasia.

Para que no se diga que exageramos, vamos a recordar algunos de los casos recientes en los que ha sido palmaria esa actitud.

Desde que se desencadenó la pandemia del coronavirus hemos sido testigos de lo siguiente: 

Primero, que la pandemia no existía o que había sido creada como método de control social. Luego, que no hacían falta las mascarillas. Más tarde, que no había que cerrar los establecimientos comestibles o bebestibles, y que no valían para nada las medidas de confinamiento en las ciudades. Tampoco se controlaron al principio los botellones o las celebraciones multitudinarias sin preservar las medidas de contención. Y ahora nos han dado la murga con las benditas reuniones de Navidad

¿Cuántos programas de televisión, cuántos presuntos reportajes y cuántos miles de entrevistas se han difundido para “salvar la Navidad” por cualquier medio? ¿Sinceramente era esto tan imprescindible?

Políticos, empresarios, periodistas y técnicos de cualquier cosa se han desvivido para animarnos a celebrar esas presuntas fiestas familiares “como Dios manda”, es decir, como siempre, sin tener en cuenta los riesgos que ya conocemos a la perfección. 

¿Quién piensa en las consecuencias de la inminente fiesta navideña de 2020?

Ya hay gente advirtiendo del peligro de una tercera ola de la pandemia a partir de enero, cuando las consecuencias festivas se empiecen a contabilizar ¿De verdad es tan importante cumplir ese consejo divino, por encima de la salud de nuestros allegados?

Allá cada cual con su responsabilidad, pero no nos cabe duda del peligro que corremos si no tomamos las medidas convenientes. Apelamos al sentido común y al comedimiento como verdaderos estandartes de este espíritu navideño. 

Luis-Lorenzo, ciudadano abrumado por las inminentes celebraciones navideñas.

Noticias – Free Press Info: Opinión.

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