Futuro España

¿El futuro de España debe pasar por rebelión necesaria?

Las revueltas juveniles que la encarcelación de un rapero catalán han propiciado en España, merecen algunas reflexiones más meditadas que las realizadas por la clase política y sus servilistas medios de comunicación.

¿Quién debe tomar la antorcha que reclame respuestas a las eternas peticiones de los jóvenes españoles, sumidos en la depresión y la apatía, porque no tienen nada que perder?

Ningún Gobierno, en todas estas décadas de la transición democrática en España, ha sido capaz de ofrecer planes de futuro a la juventud, salvo abrirles la puerta a la emigración, con el objetivo de encontrar oportunidades en otros países europeos.

De ser una de las generaciones más preparadas de la historia de nuestro país, han pasado a ser insolventes, e incluso una carga para los padres -que en muchos casos los siguen manteniendo-. 

Si no hay futuro en España, ¿para qué estudiar?

Este colectivo lleva años reclamando algo que hacer, aparte de ser estudiantes eternos, compaginado con trabajos vergonzantes. Es imposible emanciparse de una convivencia superviviente con sus progenitores, dada la precariedad de los trabajos que les ofrecen y la deleznable salida profesional que se les asigna.

Los empresarios se aprovechan de la penosa situación económica, ofendiéndolos con salarios humillantes y utilizándolos como piezas de intercambio ante los gobiernos y sus posibles ayudas redentoristas.

Cada contratación se realiza bajo la condición de reclamar subvenciones oficiales, por las que ganan más que los empleados como señuelos. Todas estas trampas legalistas deberían aclararse, para permitir el relevo en el mundo profesional, de una manera más lógica y justa.

Si los muchachos estudian y se preparan para ser un recambio de los trabajadores que se van jubilando, con la exigencia añadida de nuevos profesionales mejor preparados ¿Por qué no ocurre así? ¿Por qué hay tantos jóvenes sin trabajo?

Pues la única respuesta social que se ha ofrecido es que sobran jóvenes preparados. Y que es mejor para los empresarios tener un exceso de oferta, que cubra la exigua  demanda. 

Es evidente que el sistema educativo está obsoleto, con unos estudios banales e inoperantes, que no se corresponden con las necesidades empresariales o del entorno laboral.

Y es que en España todo el mundo oposita, pero en realidad el funcionariado es un estamento antediluviano, que se devora así mismo. Además, tras lo visto en los medios de comunicación, mejor es ponerse a cantar o a cocinar en el “máster-chef” de turno.

Aunque, si se tiene una buena habilidad con los pies, también te puedes hacer futbolista, y hacerte millonario. Sin preocuparte por la ciencia y los estudios preceptivos. Ya que está claro que la sociedad española acepta sin rubor esos esquemas y aplaudiendo a esas figuras.

El futuro de los jóvenes exige un diálogo social urgente

Las condiciones para que la situación se modifique las están propiciando los jóvenes, exigiendo atención de una sociedad que les ha dado la espalda. Como nadie se ocupa de sus necesidades, la furia y la rebelión han sido inevitables. Así que esos cambios han de llegar, de una manera o de otra.

No obstante se les ha acusado de inciviles, marginales y alborotadores, pero nadie ofrece vías para luchar y esforzarse, fuera de sus presuntas obligaciones como hijos y estudiantes. Tienen que cumplir lo que se espera de ellos, pero deben someterse a las condiciones tradicionales.

Por eso están cuestionando lo establecido. Rompiendo esas líneas prohibitivas, para las que tienen razones de sobra. Mucho tiempo han aguantado la marginación y el desprecio, y ahora nos extrañamos de que la violencia haya sido su reacción.

Queman contenedores y rompen escaparates, mientras las fuerzas de seguridad que deberían protegerlos asisten a las reyertas para aporrearlos y detenerlos. 

Sabemos que esas son las órdenes que les exigen, pero ¿quién atiende a las protestas de los que se manifiestan? Esos supuestos delincuentes son nuestros hijos, sobrinos y nietos, que han tomado las calles para hacerse oír. 

Sin embargo los medios de comunicación -con sus todólogos tertulianos- y los políticos de todo signo tienen  una responsabilidad que asumir, y aquí estamos los ciudadanos para reclamarla.

Luis-Lorenzo, ciudadano indignado con la pasividad ante las protestas. 

Madrid, marzo 2021.

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