Diles a tus hijos que trabajarán bajo facturas y deudas de todo tipo.

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Diles a tus hijos, que trabajarán hasta una edad en que casi un tercio de su generación esté muerta.

Diles que tendrán una hipoteca durante cuarenta años. Diles que tendrán una cadena perpetua, bajo facturas y deudas de todo tipo.

Diles que contemplarán madres y niños muriendo de hambre, guerras, violaciones y asesinatos reales constantemente, como una propaganda de indefensión social sobrecogedora.

Diles que se entretendrán con héroes, series y juegos en los que la justicia triunfa violentamente, asesinando o haciendo la guerra por entretenimiento.

Diles a tus hijos, que su mejor amigo será una pantalla, que la mayoría de las relaciones sociales avanzan en la liquidez y la volatilidad.

Diles a los jóvenes, que se deshumanizarán, que contemplarán y apoyarán exclusiones en la escuela, el mundo laboral, en las instituciones públicas, o en locales de ocio; por el aspecto, la etnia, nacionalidad, sexo, religión, clase social… promovido, amparado u obviado, por un clima burocrático e impersonal que los hará completamente indefensos.

Diles que contemplarán estupefactos cómo se extermina la flora y la fauna, o cómo se manipula el clima, y cargarán con la culpabilidad de ello, mientras los verdaderos responsables, los colosales actores principales, obscenamente ricos, dirigentes de éste modelo industrial y productivo de depredación, atentan contra el mundo entero impunemente.

Diles a tus hijos que su mejor amigo será una pantalla.

Diles a los niños, que los productos químicos, los alimentos modificados genéticamente, los aditivos, las sustancias cancerígenas u otras adictivas, como también los antibióticos, están presentes por todos los lados, desde los océanos a todos los alimentos.

Pero todos esos compuestos y experimentos son seguros e inofensivos, porque lo dicen unas autoridades que quieren nuestra felicidad y seguridad, por encima de nuestra enfermedad y docilidad.

Diles, que esto es una Democracia, que hemos firmado un contrato social, y todos estamos de acuerdo y participamos voluntariamente en las políticas y acontecimientos que suceden. Diles que lo mejor es no pensar mucho, que estamos en buenas manos de expertos.

Diles a los más pequeños que, de vez en cuando, en la máxima desesperación, entre crisis, inflación, desempleo y miseria social, siempre llega un líder “carismático”, que parece un cordero provinciatorio, a los que le dan voz y cobertura todos los medios y los industriales y poderes financieros. Que anuncia el milagro utópico, si conseguimos acabar con nuestros enemigos, y que las personas lo seguimos ciegamente, originando una orgía de violencia colectiva desatada de todos contra todos. En la que nuestros vecinos son arrastrados escaleras abajo a media noche entre gritos de desesperación, por haber sido acusados, sin cargos y sin juicio, por alguien de alguno de los bandos en conflicto.

Explícales a los niños, que si no están de acuerdo con las monumentales injusticias que se establecen por ley con el consentimiento de todos, es mejor que no diga nada, porque será ignorado, ridiculizado, marginado, tratado como un loco, perseguido, violentado, condenado o asesinado, por sus propios semejantes.

Diles que no hay otra forma mejor de organizarse que la actual, que el progreso conlleva sacrificios.

Diles que somos la cultura y la civilización más avanzada de la historia y que, antes de hoy, las cosas eran muchísimo peores.

Aunque nos precipitemos sin paracaídas por el abismo de la sexta extinción masiva del planeta y del ser humano.

Texto de 119Misarkia.

Staff Reporter

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