Amy Eskridge

Amy Eskridge y el motor de propulsión de campo antigravedad que la ciencia oficial ignora

Un vídeo rescatado de los archivos de 2022 ha estremecido las redes sociales en las últimas semanas. En él, Amy Eskridge —física especializada en propulsión de campo y antigravedad— aparece visiblemente alterada, describiendo quemaduras en sus manos que atribuía a un arma de energía dirigida. Semanas después, fue hallada muerta. En esta investigación exclusiva de Free Press Info, hemos analizado la reacción del público, los documentos técnicos disponibles y el contexto institucional que rodea su caso.

El vídeo que nadie quería ver… hasta ahora

El 22 de abril de 2026, la cuenta de Right Angle News Network en X publicó un fragmento de vídeo que había permanecido en la oscuridad durante casi cuatro años. En él, Amy Eskridge, de 34 años, teclea con dificultad mientras explica que sus manos “han sido quemadas de arriba abajo” y que un colega con experiencia en armamento identificó el dispositivo responsable como un emisor de banda RF-K, supuestamente alimentado por cinco baterías de coche dentro de un SUV aparcado cerca de su domicilio en Huntsville, Alabama.

En cuestión de horas, el vídeo superó millones de reproducciones. No porque sea el primero de su tipo, sino porque llegó en el momento exacto: el FBI acaba de confirmar que investiga al menos once muertes o desapariciones de científicos vinculados a investigación aeroespacial, nuclear y de propulsión avanzada desde 2022. El nombre de Eskridge encabeza esa lista no oficial.

Testimonio reconstruido “Si veis algún informe que diga que me maté, definitivamente no lo hice.” — Amy Eskridge, mensaje de texto enviado a su socio comercial Samuel Reed, mayo de 2022. Un mes después, fue hallada muerta de un disparo en la cabeza. Las autoridades de Alabama lo clasificaron como suicidio.

¿Quién era Amy Eskridge y en qué trabajaba realmente?

Amy Catherine Eskridge no era una aficionada. Según la documentación disponible, comenzó sus estudios universitarios en Geología, Paleontología y Astronomía, pero amplió su formación hacia la ingeniería eléctrica, la química, la física del plasma y la nanotecnología. Junto a su padre Richard Eskridge —ex científico de la NASA especializado en propulsión— cofundó el Institute for Exotic Science en Huntsville, Tennessee, ciudad conocida como el corazón de la industria aeroespacial y de defensa estadounidense.

Su campo de investigación central era la propulsión electrostática y los sistemas de campo, es decir, tecnologías que buscan manipular o anular los efectos de la gravedad sin los medios convencionales de combustión. En 2018, Amy y Richard presentaron juntos un análisis histórico de la antigravedad que cubría desde los experimentos electrocinéticos de Thomas Townsend Brown hasta el papel potencial del bismuto como superconductor capaz de interactuar con campos gravitacionales.

No era una hipótesis descabellada en un garaje. Era investigación seria, presentada públicamente, basada en décadas de literatura científica alternativa que la física institucional prefiere mantener en los márgenes.

Cronología clave del caso Eskridge

  • 2018: Amy y Richard Eskridge presentan su análisis sobre antigravedad y propulsión de campo en un evento público.
  • 2020: En un pódcast con Jeremy Rys, Amy advierte: “Si asomas la cabeza en privado, te enterrarán. Por eso existe el instituto.”
  • 2022: Primavera: reporta un autobús que la esquiva por poco, intrusiones en su domicilio y quemaduras inexplicables en brazos y torso.
  • 2022: Mayo: envía el mensaje “si veis que me maté, definitivamente no lo hice” a su socio Samuel Reed.
  • 2022: 11 de junio: hallada muerta en Huntsville. Dictamen oficial: suicidio por arma de fuego.
  • 2025: El periodista Ross Coulthart publica imágenes de las quemaduras y declara haber hablado con Eskridge antes de su muerte.
  • 2026: Abril: el vídeo se viraliza. El FBI abre investigación sobre once científicos muertos o desaparecidos.

La reacción del público: entre la indignación y el escepticismo

En Free Press Info hemos seguido de cerca la reacción en redes sociales y foros especializados durante las dos semanas posteriores a la viralización del vídeo. Las respuestas se dividen en tres corrientes bien definidas:

La primera corriente agrupa a quienes ven en el caso de Eskridge la confirmación de un patrón: investigadores que trabajan en tecnologías de propulsión avanzada o relacionadas con los PANs (Fenómenos Anómalos No Identificados) y que encuentran una muerte o desaparición prematura. El congresista republicano Eric Burlison ha declarado públicamente que existe “evidencia significativa” de que Eskridge fue víctima de un arma de energía dirigida, y ha vinculado el caso con el Síndrome de La Habana, afección reconocida por el Gobierno Accountability Office de EE. UU. como el resultado de ataques con microondas de alta frecuencia.

La segunda corriente, más cautelosa, señala que la familia de Eskridge —incluido su propio padre— rechaza las teorías conspirativas. “Los científicos también mueren, como cualquier otra persona”, dijo Richard Eskridge a NewsNation. El informe de la Agencia de Aplicación de la Ley de Alabama clasificó la muerte como suicidio sin indicios de terceros. Una ex agente del FBI consultada por Newsweek fue aún más directa: “No hay duda de que se quitó la vida.”

La tercera corriente —quizás la más incómoda para ambos lados— es la de los científicos y periodistas que no niegan ni confirman, sino que señalan la pregunta de fondo: ¿por qué la física de propulsión de campo sigue siendo un territorio académicamente maldito, décadas después de que figuras como el propio Thomas Townsend Brown o la Dra. Ning Li publicaran resultados que nunca fueron replicados ni refutados de forma concluyente?

Los documentos técnicos: ¿qué decía realmente su investigación?


Análisis exclusivo Free Press Info

En esta investigación exclusiva de Free Press Info hemos revisado los materiales públicos disponibles del Institute for Exotic Science, así como las presentaciones documentadas de Amy y Richard Eskridge. Varios puntos merecen atención:

El papel del bismuto. Eskridge centró parte de sus últimas investigaciones en el bismuto como material con propiedades diamagnéticas excepcionales. El bismuto es uno de los pocos elementos que repele activamente los campos magnéticos. En teoría —y esto es terreno especulativo, pero científicamente explorable—, estructuras de bismuto adecuadamente configuradas podrían interactuar con campos gravitacionales de formas aún no modeladas por la física estándar. La Dra. Ning Li, otra investigadora de antigravedad cuyo nombre también aparece en la lista de “muertes sospechosas”, había trabajado en líneas similares con superconductores.

La propulsión electrocinética. Thomas Townsend Brown demostró en los años 50 que los condensadores de alta tensión producen un pequeño movimiento en la dirección del electrodo positivo, un fenómeno conocido como “efecto Biefeld-Brown”. La NASA y la Fuerza Aérea estudiaron el fenómeno de forma discontinua durante décadas. Nunca se publicó una refutación definitiva, pero tampoco se adoptó como línea de investigación financiada. Eskridge consideraba esta tecnología como una base sobre la que construir.

La conexión con los UAPs. Desde 2021, la revelación oficial de videos del Departamento de Defensa que muestran objetos voladores con capacidades de maniobra imposibles para la aviación conocida ha devuelto urgencia a preguntas que la física institucional había archivado. Si esos objetos existen —y el gobierno de EE. UU. ha admitido que no sabe qué son—, entonces alguien, en algún lugar, ha resuelto el problema de propulsión que Amy Eskridge decía estar a punto de resolver.

Contexto institucional El Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, presidido por James Comer, declaró en abril de 2026 que el patrón de muertes y desapariciones de científicos “es una prioridad nacional de seguridad”. El congresista Eric Burlison apuntó a una posible “operación extranjera” —China, Rusia o Irán— sin que exista confirmación oficial de ningún vínculo entre los casos.

¿Por qué la ciencia oficial ignora la antigravedad?

Esta es, quizás, la pregunta más difícil de responder sin caer en el reduccionismo de un lado o del otro. La respuesta honesta tiene varias capas.

Primera capa: el problema de la reproducibilidad. Ningún laboratorio independiente ha reproducido de forma consistente los resultados de los experimentos de Townsend Brown o de Ning Li bajo condiciones controladas. Sin reproducibilidad, no hay ciencia. La física académica no ignora la antigravedad por malicia; la ignora porque no tiene datos sólidos en los que apoyarse.

Segunda capa: el problema del incentivo. La investigación académica se financia a través de grants que requieren resultados publicables en revistas de alto impacto. La propulsión de campo no tiene ese historial. Los investigadores que se adentran en ese territorio arriesgan su carrera, no su vida. La mayoría simplemente elige no hacerlo.

Tercera capa: la posibilidad incómoda. Si una fracción de lo que Eskridge afirmaba es real —si existen documentos clasificados sobre propulsión de campo que el gobierno ha mantenido fuera del dominio público—, entonces la ignorancia de la ciencia oficial no es accidental, sino estructural. El reciente proceso de disclosure sobre UAPs ha dado cierta credibilidad a esta posibilidad, aunque sin confirmación concreta.

Lo que sí es verificable es que Amy Eskridge creyó estar cerca de algo importante, que expresó miedo por su seguridad, que murió de forma violenta, y que su caso ha sido incorporado a una investigación federal sin precedentes sobre científicos vinculados a investigación avanzada.

El caso Eskridge no es un episodio cerrado y se relaciona con tres líneas de investigación abiertas:

1. Los documentos del Institute for Exotic Science. Varios archivos de presentaciones y correspondencia permanecen en circulación. Estamos en proceso de verificarlos con fuentes especializadas.

2. La investigación del FBI. El Departamento de Justicia no ha confirmado ni desmentido que el caso Eskridge forme parte formalmente de su investigación sobre los once científicos. Hemos solicitado información bajo la Ley de Libertad de Información (FOIA).

3. El patrón tecnológico. ¿Comparten los once científicos investigados alguna línea de investigación común? Estamos cruzando sus publicaciones, afiliaciones y proyectos financiados con fuentes abiertas.

La historia de Amy Eskridge merece algo más que un ciclo viral de 48 horas. Merece preguntas precisas, fuentes verificables y el tiempo necesario para distinguir lo que es real de lo que es especulación.

Free Press Info.

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