Alerta sobre el COVID-19 en Ecuador

Ecuador Covid-19

Ecuador es el país de América latina con tasas más altas de infección por COVID-19

Ecuador se ha convertido en el país de América latina más afectado por la pandemia que causa el COVID-19. Según datos oficiales, el nuevo coronavirus ha infectado a 3661 personas de los cuales 145 han perdido la vida. Aunque desde el Gobierno de Lenín Moreno admiten que “los números se quedan cortos”. El ministro de Salud ha admitido que solo en Guayaquil se han registrado más de 1500 muertos.

Para limitar la propagación del COVID-19, el presidente Lenín decretó el Estado de Excepción en todo el país el pasado 16 de marzo. Un decreto ley que limitaba la circulación de ciudadanos, alegando que si no se cortaba de raíz el problema, se podía llegar a tener más de 800.000 personas contagiadas. Se cerraron las fronteras y se paralizaron actividades cotidianas como el servicio público, comercios locales, y la actividad laboral en los sectores públicos y privados.

Medio mes después de decretar el confinamiento, se aprecia el deterioro del COVID-19 en Ecuador. Los cadáveres se cuentan por miles y se pueden encontrar en plena calle, una imagen que ya se vio en China al comienzo del brote y que ahora se repite en las principales ciudades ecuatorianas.

Coronavirus en Ecuador: Guayaquil es la ciudad más perjudicada

Al contrario que en China, en Ecuador los hospitales no dan a basto porque no cuentan con los instrumentos ni con el personal necesario. Es más, enfermeras de varios hospitales  han denunciado abandono por parte de varios médicos ante la insuficiencia técnica. En otros, la atención es selectiva y se le niega a ciertos pacientes. Según algunos ciudadanos, una prueba para detectar el coronavirus en Ecuador podría costar hasta 120 dólares.

Falla el servicio de retirada de cadáveres, por la red circulan vídeos que evidencian este hecho. Y gran parte de la sociedad responsabiliza a Lenín Moreno por haber llegado hasta esta situación,  al no tomar las medidas necesarias a tiempo. Y si a todo esto le sumamos el hecho de que algunos ciudadanos nos respetan el Estado de alarma, se crea un cóctel explosivo difícil de controlar.

 

 

 

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